Una carta es, según una definición tradicional, un diálogo por escrito. Aunque las nuevas tecnologías y, sobre todo el correo electrónico, han transformado las situaciones en las que se producen textos como la carta personal y las han relegado a un ámbito casi 'poético', 'romántico' o incluso algo 'extravagante'... es necesario conocer al menos las mínimas convenciones que rigen la redacción de cartas personales y los distintos tipos de las mismas que podemos utilizar. Así como, y por encima de todo, la mejor manera de utilizar este recurso expresivo 'casi' en desuso.
Podemos clasificar las cartas según su forma o registro (formal o informal) según vayan dirigidas a un destinatario familiar o institucional. De aquí brota la diferencia fundamental entre carta comercial y carta personal.
Atenderemos en este bloque a estas últimas.
Son muchas las ocasiones en que usamos este recurso aunque, en la actualidad, haya que dado reducido su empleo. Una nota de despedida, una tarjeta de felicitación, un recordatorio... Existen tantos tipos de carta personal como finalidades concretas queramos darle a esas líneas que ponemos sobre el papel. Aunque ya hoy no se usen largas cartas -por existir métodos más eficaces y rápidos- todavía es importante conocer y reconocer los rasgos con los que componer una carta de contenido personal.
- Es una comunicación diferida: hay que tener en cuenta que el receptor tardará unos días o tal vez semanas en recibir la información y por lo tanto hay que ajustar los contenidos a esta circunstancias.
- Es una comunicación no presencial: El texto escrito no tiene gestos, ni entonación, ni otros elementos extra-lingüísitcos que permitan matizar lo que queremos decir.
- Es una comunicación sin 'contexto': O al menos el contexto de emisor y receptor no es compartido por lo que habrá que dar información acerca del espacio (lugar), tiempo (fecha) y otras circunstancias personales en las que se redacta.