Las propiedades de un texto
Producimos y escuchamos constantemente diferentes textos, en todos los ámbitos en los que nos movemos: desde que adquirimos la lengua materna (porque la comunicación se piensa en textos) estamos en contacto con textos: textos orales y escritos, literarios y publicitarios, textos formados por imágenes, musicales y de gestos corporales, cinematográficos, televisivos y radiofónicos. Escuchamos y hablamos, leemos o escribimos textos, mensajes orales o escritos, que pueden ser breves como un telegrama y un sms, o tan extensos como una novela.
Así, podemos definir un texto como un conjunto de enunciados que está estructurado, producido por un emisor que tiene una intención comunicativa, y que se da en un determinado contexto. Par ello es necesario que cumpla una serie de relaciones entre sus elementos (las palabras, las oraciones...) de manera que el destinatario pueda interpretarlo como una unidad.
Para que un mensaje se considere 'texto' ha de presentar las siguientes propiedades: ser adecuado, ser coherente y estar cohesionado. Estas son, pues, las tres características que debe tener un texto:
Adecuación: el texto debe ser adecuado a los elementos que intervienen en la comunicación en la que se produce. El autor del mensaje ha de considerar a quién dirige el mensaje y con qué intención comunicativa (informar, dar instrucciones, ordenar, convencer de su opinión), esí como el asunto del que va a tratar... De esta forma decidirá si le conviene usar un canal oral o escrito o si debe emplear un nivel lingüístico culto, medio o coloquial.
Coherencia: que el texto se perciba como una unidad organizada y no como la suma de partes sin relación entre sí. Para que un mensaje tenga coherencia debe tratar de un mismo asunto y debe ir proporcionando cada vez más datos de acuerdo a una estructura decidida previamente por el autor.
Cohesión: Un texto bien cohesionado emplea diferentes recursos para poner de manifiesto las relaciones que existen entre palabras, oraciones, párrafos.