Imaginemos que queremos que nuestros padres nos dejen salir unas horas más durante el fin de semana porque ya nos consideramos lo suficientemente mayores y responsables. Si queremos que nuestra opinión sea considerada por ellos y que además tenga consistencia, nos convendrá articular un texto coherente, bien construido y apoyado en razones que nos ayuden a demostrar que nuestra opinión es correcta y moverles así a tomar la decisión que perseguimos.
Un texto argumentativo pretende convencer al receptor o receptores, por eso es muy importante saber quiénes van a ser los destinatarios de tu texto: en este caso los padres, pero en otros pueden ser tus compañeros, profesores, un público amplio porque vas a escribir una carta al periódico, la sociedad en general, etc.... Para cada tipo de receptor utilizarás los argumentos y el lenguaje que mejor convenga.